Ofelia simboliza el sufrimiento insoportable. Las interpretaciones de Ofelia siempre llevan una carga de tristeza que flota en las aguas de la muerte.
La pobre Ofelia enloquece por amor, un amor útopico que choca de pleno con un mundo corrupto y sucio.
Hamlet pretende a Ofelia y la colma de poesía y cumplidos, después este enloquece matando en su camino tortuoso a Polonio el padre de esta. Hamlet es enviado al exilio (o al asesinato), ante esa situación tan confusa Ofelia se deja abrazar por la locura, más tarde encontrará la muerte y la desesperación, incapaz de soportar su destino.
Pobre Ofelia, todos acaban muertos o esclavizados por los invasores, pero la victima por excelencia de todas las intrigas palaciegas es la pobre Ofelia.
Silencio…….
Ophelia. J Millais 1852
There is a willow grows aslant a brook,
That shows his hoar leaves in the glassy stream;
There with fantastic garlands did she come
Of crow-flowers, nettles, daisies, and long purples
That liberal shepherds give a grosser name,
But our cold maids do dead men’s fingers call them:
There, on the pendent boughs her coronet weeds
Clambering to hang, an envious sliver broke;
When down her weedy trophies and herself
Fell in the weeping brook. Her clothes spread wide;
And, mermaid-like, awhile they bore her up:
Which time she chanted snatches of old tunes;
As one incapable of her own distress,
Or like a creature native and indued
Unto that element: but long it could not be
Till that her garments, heavy with their drink,
Pull’d the poor wretch from her melodious lay
To muddy death.
Allí donde en el rió crece un sauce recostado,
que refleja hojas blancas en el agua cristalina.
Allí, mientras tejía fantásticas guirnaldas
de ranunculos, ortigas, margaritas y esas flores alargadas
que los pastores procaces llaman con nombres soeces,
pero que en boca de nuestras doncellas no son
sino “dedos de difunto”. Allí, cuando trepaba
para colgar en el árbol su corona silvestre,
rompiese una rama pérfida, y cayo ella, y sus trofeos
floridos en aquel arroyo de lagrimas. Extendidos
sus ropajes en el agua, salía a flote cual sirena,
y cantaba estrofas de antiguas canciones,
inconsciente del peligro, o como hija del agua,
acostumbrada a vivir en el propio elemento.
No paso mucho tiempo, sin embargo,
sin que el peso de sus vestidos empapados de agua
arrebatara de sus cánticos a la infeliz, arrastrándola
al cieno de la muerte.
1 respuesta hasta el momento ↓
Gus // Martes 22 Enero 2008 a 09:01 |
Pelos como escarpias, oiga.