Adiós 2007

2 01 2008

Pues eso, año nuevo vida nueva dicen, no?

Me van a permitir que me ponga un poco sentimental y comenté cuatro cosas sobre el periodo cerrado del 2007.

 

Este año pasado ya pintaba mal desde el crepúsculo del anterior, se preveía un año frío, duro y cruel, y así fue, pero si ha sido todas esas cosas principalmente ha sido por mi culpa, y he de asumirla y a la vez pedir misericordia a los que me aguantaron.

Me aferré a hierro ardiente, sin razonar, queriendo salir airosa de mi particular lance contra mis propios sentimientos, quise tocar fondo y unirme a él, quise pagar mis deudas con otras luchas de las que salí huyendo, quise llegar al fondo de mis posibilidades y probar el sabor de mi hiel.

Quise ser cobarde luchando porque no sabía hacer otra cosa que luchar, quise ser quien no soy y pagué el precio de la soledad y el abandono, la soledad del que no quiere ser acompañado ni consolado por nadie, la soledad del traicionado que se niega a creer, la soledad del incomprendido. Un estado en el que ni yo misma podía ayudarme, ni yo misma era dueña de mis actos y mis esperas, ni yo misma he sabido lo que quería.

Este fin de año triste, con una familia triste y menguada por el dolor y la pérdida, los silencios nos invadían sin saber que decir ni que hacer, la tristeza de sabernos rotos por dentro sin remedio, abandonados o traicionados por aquellos que amábamos y sin conciencia nos dejaban o nos traicionaban. Nos dejaron como mástiles que ya no sostienen ninguna vela a medio caer en un cementerio de barcos abandonados. La firme convicción de que nos venía por delante un año más sin ella, cada vez se nos antoja más pesada y tormentosa, la triste realidad de vernos abandonados por aquellos a los que amamos y nos dejaron heridos de muerte sin mirar atrás. Una vez más intentamos sostenernos unos a otros entre abrazos y lágrimas contenidas, intentando consolar las penas que sabemos inconsolables, acabamos rápido con el mal trago y a los veinte minutos del nuevo año ya enfilábamos cada uno la calle hacia nuestros destinos.

 

Si a parte de cambiar el número al final de las fechas pensamos en el nuevo año como un nuevo ciclo, quiero mudar la piel rápidamente, dejar la añeja y quemada para renovarme por fuera como un fénix con una enfermedad inmortal. Sé que nunca dejaré atrás la tristeza, y que la felicidad es algo tan efímero como la pasión, que el amor es inmortal y que se puede hacer más grande aún después de la muerte, y sé que nadie es dueño de su destino.

 

Hasta hace poco pensaba que no tenía amigos, ese es un término muy inconstante en mi vida, que ha adquirido muchas caras y nombres, así que a los que me acompañan a ratos en el camino sin interés ninguno, quiero darles motivos para seguir haciéndolo, a mi sufrida familia lo único que deseo es no darle más problemas ni sufrimientos, ya que este año sin merecerlo han sufrido muchísimo por mi inmadurez y mi antojo egoísta, lo siento de verás. Intentaré no hacerles daño colateral de mis caprichos y mis relaciones nunca más. Respecto al trabajo seguirá siendo mi bálsamo para no pensar en los vacíos de mi vida.

No me hago grandes propósitos para no llevarme grandes decepciones, no me voy a exigir nada, no me voy a torturar más, seguiré trabajando en recomponerme poco a poco, en rehacer mi independencia sin confundirla con el aislamiento, intentaré buscar en cada alborada nuevas experiencias que me nutran, y no pediré nada más que un poco más de paz y un poco menos de tormento.

 

El peor año de mi vida, (siempre) de momento, ha muerto. Doy gracias a los que me acompañaron con su silencio entrañable, y respetaron el malogrado momento. A todos los demás confío que la vida les concederá baldías y yermas experiencias.

T.q.M.


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